Amor ti Podcast
Amor Ti Podcast es un podcast sobre amor propio, salud mental y crecimiento personal.
Aquí hablamos de autoestima, relaciones, límites emocionales y cómo sanar para vivir una vida más consciente.
Cada episodio trae reflexiones profundas, conversaciones reales y herramientas para fortalecer tu mente, superar heridas emocionales y volver a tu esencia.
Si estás buscando claridad, paz mental y una forma más fuerte de vivir tu vida, este espacio es para ti.
🎙 Nuevos episodios cada semana.
Amor ti Podcast
¿Y si el precio del amor es tu paz? ❤️
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¿Hasta dónde llegarías por amor?
Mañana estreno un nuevo episodio de Amor Ti Podcast: “Mi paz no es negociable”.
Una conversación para quienes alguna vez sintieron que, por mantener una relación, estaban perdiéndose a sí mismos.
💭 Quiero hacerte una pregunta antes de que salga el episodio:
¿Sacrificarías tu paz por amor?
Déjame tu respuesta en los comentarios y mañana continuamos esta conversación en el nuevo episodio.
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#AmorTiPodcast #AmorPropio #PazInterior #Podcast #Relaciones #CrecimientoPersonal #Reflexión
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Hola, soy Joana Tineo y esto es Amor Ti, un espacio para que aprendas a escucharte, a valorarte y amarte cada día. Aquí compartimos historias, reflexiones y herramientas para que tu corazón y tu mente encuentren calma y libertad. Quédate conmigo y descubre cómo despertar tu amor propio hoy. Y si te dijera que una de las decisiones más difíciles de la vida no es aprender a amar, sino aprender a dejar de sacrificarte para demostrar que amas, piénsalo un momento. ¿Cuántas veces has dicho sí cuando por dentro querías decir no? ¿Cuántas veces te has quedado en una conversación que ya te estaba rompiendo por dentro? ¿Cuántas noches has perdido el sueño intentando arreglar una relación que parecía depender únicamente de ti? Hay una frase que escuchamos mucho, el amor lo puede todo. Pero hoy quiero hacerte una pregunta diferente. ¿De verdad el amor debería costarte la paz? Hace unos días publiqué un short con una pregunta muy sencilla. ¿Sacrificarías tu paz por amor? Y empezaron a llegar respuestas. Algunas personas dijeron que jamás lo harían, otras confesaron que sí, que lo hicieron durante años. Y mientras leía cada comentario me di cuenta de algo. No estábamos hablando solamente de relaciones de pareja. Estábamos hablando de madres que viven agotadas intentando cumplir con todo. De hijos que cargan culpas que no le corresponden. De amistades que drenan la energía. De trabajos donde la ansiedad se volvió parte de la rutina. Y también de esa lucha silenciosa que tenemos con nosotros mismos. Porque muchas veces no es otra persona quien nos roba la paz. Somos nosotros quien la entregamos poco a poco. La entregamos por miedo a decepcionar. Por miedo a estar solos. Por miedo a que alguien se vaya. O simplemente... porque nos enseñaron que querer mucho a alguien significa olvidarnos de nosotros. Y ahí empieza el problema. No perdemos la paz de un día para otro. La perdemos en pequeñas decisiones que parecen insignificantes. Cuando dejamos de pasar una falta de respeto para evitar una discusión. Cuando aceptamos algo que nos duele porque pensamos que no era para tanto. Cuando callamos lo que sentimos para que la otra persona no se moleste. cuando vivimos pendientes del teléfono esperando un mensaje que determine si tendremos un buen o mal esas pequeñas renuncias parecen inofensivas pero con el tiempo terminan convirtiéndose en una vida que ya no reconocemos y quizás alguien que me está escuchando hoy se siente exactamente así Tal vez por fuera todo parece estar bien. Cumples con tus responsabilidades, sonríes, trabajas, hablas con la gente. Pero por dentro llevas semanas o meses sintiendo que algo no está bien. Como si hubieras dejado una parte de ti en algún lugar del camino. Y quiero que sepas algo. Este episodio no viene a decirte que abandones a la persona cuando aparezca el primer problema. Tampoco viene a decirte que vivir en paz significa vivir sin conflictos, porque eso sería mentira. La paz no consiste en que nunca haya desacuerdos. La paz consiste en que incluso en medio de ellos no tengas que traicionarte. para conservar el cariño de alguien hay una diferencia enorme entre hacer sacrificios por amor y perderte a ti mismo intentando demostrar que amas y esa diferencia cambia una vida porque el verdadero amor puede pedir paciencia puede pedir compromiso puede pedir conversaciones difíciles. Pero nunca debería pedirte que renuncies a tu dignidad. Nunca debería pedirte que vivas con miedo. Nunca debería pedirte que aceptes aquello que rompe tu tranquilidad todos los días. Hoy quiero que conversemos sobre eso, no para señalar a nadie, no para juzgar decisiones del pasado, sino para entender por qué tantas personas terminan convencidas de que sufrir es parte de amar. Y quizás cuando termine este episodio descubras que proteger tu paz no es un acto de egoísmo, es un acto de amor propio así que donde quiera que estés escuchándome en casa camino al trabajo haciendo ejercicio o simplemente buscando unos minutos para ti gracias por regalarte este espacio respira profundo porque esta conversación puede hacerte mirar tu vida desde un lugar diferente Y quizás, solo quizás, hoy sea el día en que dejes de pedir permiso para cuidar aquello que más vale, tu paz. Hay algo que me llama mucho la atención. Siempre pensamos que cuando pensamos en nosotros mismos es un acto de egoísmo, cuando nos ponemos en primer lugar. Pero si te das cuenta, Cuando vas en un avión y hay una emergencia, siempre tienes que pensar en ponerte tú primero la máscara antes que a los demás. Te lo explican antes de despegar el avión, te dan las instrucciones. Y sin embargo, en la vida hacemos exactamente lo contrario. Intentamos salvar relaciones mientras nos estamos quedando sin aire. Intentamos sostener a todo el mundo mientras por dentro estamos derrumbándonos. queremos ser el apoyo de todos pero hace mucho tiempo que dejamos de ser nuestro propio apoyo y eso no ocurre porque seamos débiles ocurre porque crecimos escuchando mensajes que parecían inofensivos pero que fueron moldeando nuestra manera de entender el amor Nos dijeron que una buena persona siempre cede. Que quien ama de verdad aguanta. Que las parejas tienen que luchar hasta el final. Que los hijos siempre deben complacer a sus padres. Que una madre tiene que olvidarse de sí misma. Que decir no es egoísta. Que poner límites es ser frío. Y poco a poco empezamos a creer que nuestra paz era negociable. Como si fuera una moneda de cambio. Voy a soportar esto para que él cambie. Voy a callarme para que ella no se moleste. Voy a aceptar esto porque no quiero quedarme solo. Sin darnos cuenta. comenzamos a hacer pequeños intercambios entregábamos un poco de tranquilidad esperando recibir un poco más de amor pero hay algo que aprendí con los años el amor que necesita que destruyas tu paz para existir termina destruyendo también el amor porque llegó un momento en que el cansancio pesa más que los sentimientos Y ahí aparecen las preguntas. ¿Por qué ya no soy la misma persona? ¿Por qué todo me irrita? ¿Por qué siento ansiedad cada vez que suena el teléfono? ¿Por qué vivo con un nudo en el pecho? Muchas veces creemos que el problema es la relación. Pero el problema comenzó mucho antes. comenzó el día que dejamos de escucharnos. Hay una voz dentro de nosotros que siempre intenta protegernos. Es esa incomodidad que aparece cuando algo no está bien. Ese silencio incómodo después de una conversación. Esa sensación de que algo duele aunque no podamos explicarlo. Nuestro cuerpo habla muchísimo antes que nuestras palabras. Pero como queremos que todo funcione, como queremos que la otra persona sea feliz, como queremos evitar conflictos, terminamos apagando esa voz. Y cuando haces eso durante meses o durante años, llega un momento en que ya no sabes qué quieres. Solo sabes lo que esperan de ti. Y eso es peligroso. Porque puedes pasar años viviendo una vida que parece perfectamente para los demás. Mientras por dentro te sientes completamente vacío. Quiero hacerte una pregunta. No quiero que la respondas en los comentarios, quiero que la respondas para ti. ¿Hace cuánto tiempo no tomas una decisión pensando primero en tu paz y no en la reacción de los demás? Tómate unos segundos. Porque esa respuesta puede decirte mucho sobre el momento en el que estás viviendo. Tal vez descubras que llevas demasiado tiempo intentando ser la persona que todos necesitan. Y muy poco tiempo siendo la persona que tú necesitas. Y eso duele. Duele porque llega un día en que miras el espejo y te preguntas, ¿en qué momento dejé de ser yo? Lo más triste es que muchas personas no saben responder esa pregunta. No porque no quieran, sino porque el cambio fue tan lento que nunca notaron cuándo empezó. Nadie se levanta una mañana diciendo, hoy voy a perder mi paz. Eso ocurre poco a poco, con pequeñas renuncias, con pequeños silencios, con pequeños miedos, hasta que un día descubres que llevas mucho tiempo sobreviviendo, cuando en realidad merecías estar viviendo. Y precisamente ahí quiero detenerme unos minutos, porque creo que existe una gran diferencia entre hacer sacrificios por amor y vivir sacrificándote por amor. Son dos cosas que parecen iguales, pero pueden cambiar completamente el rumbo de tu vida. exactamente y aquí es donde quiero hacer una pausa porque creo que esta es una de las confusiones más grandes que existen hay personas que escuchan un mensaje como este piensan entonces ya nadie tiene que hacer sacrificios por amor y no Claro que amar implica sacrificios. Si eres padre o madre, sabes de lo que hablo. Hay noches sin dormir, hay preocupaciones, hay momentos en los que dejas tus planes para acompañar a alguien que amas. Eso forma parte del amor. Pero una cosa es hacer sacrificios y otra muy distinta es convertir el sacrificio en tu forma de vivir... porque cuando todo en una relación... depende de que siempre seas tú quien ceda... cuando siempre eres tú quien pide perdón... cuando siempre eres tú quien entiende... cuando siempre eres tú quien espera... entonces... ya no estamos hablando de amor... Estamos hablando de un desequilibrio. Y quiero decir algo que quizás incomode a algunas personas. No todo lo que dura muchos años es una relación sana. A veces admiramos parejas porque llevan 20, 30 o 40 años juntas. Pero nadie sabe cómo han vivido esos años. Nadie sabe cuántas lágrimas hubo detrás de esa fotografía. Nadie sabe cuántos sueños quedaron guardados en un cajón. Nadie sabe cuántas veces una persona se quedó por miedo y no por amor. Y eso me hace pensar en algo. Vivimos en una sociedad que celebra la permanencia, pero pocas veces pregunta por calidad. Celebramos que alguien nunca renunció a una relación, pero casi nunca preguntamos a qué tuvo que renunciar para quedarse. Porque hay personas que conservaron una relación Pero perdieron la tranquilidad. Perdieron la confianza. Perdieron la alegría. Perdieron su identidad. Y eso también es una pérdida. Hay una frase que escuché hace muchos años y nunca la olvidé. No todos los finales son un fracaso. Y no todas las permanencias son un éxito. Qué verdad tan grande. Porque a veces creemos que ganar significa quedarse. Y otras veces ganar significa recuperar la paz. Ahora quiero hablarte de algo que quizás nunca habías pensado. La paz. No se pierde solamente por culpa de otras personas. A veces nosotros mismos nos convertimos en nuestros mayones ladrones de paz. Sí, nosotros. Porque nos exigimos demasiado. Porque queremos hacerlo todo perfecto. Porque sentimos culpa cuando descansamos. porque creemos que siempre tenemos que demostrar algo, porque vivimos comparándonos y sin darnos cuenta empezamos una guerra silenciosa con nosotros mismos. Sin embargo, muchos llevamos años escuchando esa voz dentro de nuestra cabeza y lo peor es que terminamos creyéndole. Quizá por eso hay personas que aunque cambien de pareja, aunque cambien de trabajo, aunque cambien de ciudad, nunca encuentran paz. Porque el conflicto ya no está afuera, está adentro. Y mientras no aprendemos a hablarnos con más compasión, siempre encontraremos una nueva razón para sentirnos insuficiente. Quiero confesarte algo. Creo que una de las mayores muestras de madurez no es aprender a decirle te amo a otra persona. Es aprender a decirte a ti mismo, no voy a volver a abandonarme. Qué diferente sería nuestra vida si cada decisión pasara primero por una pregunta sencilla. ¿Esto me acerca a la paz o me aleja de ella? No significa elegir siempre el camino más fácil. Significa elegir el camino que te permita seguir siendo tú. Porque puedes atravesar momentos difíciles y conservar tu paz. Pero es muy difícil conservar la paz cuando todos los días tienes que dejar de ser quien eres para que alguien más esté cómodo. Y quiero que pienses en esto. Quizás el problema nunca fue que amaras demasiado. Quizás el problema fue que dejaste de incluirte en ese amor. Y cuando tú desapareces de la ecuación, todo empieza a perder sentido. Por eso no quiero invitarte simplemente a proteger tu paz. Quiero invitarte a volver a conocerte Porque nadie puede cuidar algo que ya no recuerda cómo era. Y tal vez la pregunta más importante no sea, ¿quién me está quitando la paz? Sino, ¿cuándo fue la última vez que realmente me sentí en paz conmigo? Porque esa respuesta puede convertirse en el primer paso para recuperar una vida que nunca debiste negociar. Y hay algo que me parece curioso. Muchas personas creen que perder la paz ocurre solo en los grandes momentos de la vida. Cuando termina una relación. Cuando alguien se va. Pero... ¿Sabes qué he descubierto? La paz casi nunca se rompe de golpe. La paz se desgasta como una cuerda que se va deshilachando poco a poco. No es una gran desilusión. Son cien conversaciones pequeñas. No es una sola decepción. Son muchas decepciones que nunca se hablaron. no es un día malo son meses enteros sintiendo que tienes que caminar con cuidado para no molestar a alguien y llega un momento en el que ya no recuerdas cómo era vivir ligero empiezas a normalizar el cansancio emocional normaliza sentir ansiedad normaliza sentir revisar el teléfono esperando una respuesta normalizas pensar demasiado normaliza pedir perdón incluso cuando no hiciste nada malo y eso es lo peligroso porque el ser humano tiene una capacidad enorme para acostumbrarse Nos acostumbramos al ruido. Nos acostumbramos al estrés. Nos acostumbramos a relaciones que nos hacen daño. Hasta que un día creemos que vivir así es normal. Pero no lo es. No es normal sentir miedo de expresar lo que piensas. No es normal vivir justificando constantemente el comportamiento de alguien. No es normal sentir alivio solamente cuando esa persona no está cerca. No es normal perder la tranquilidad para conservar una relación. Y quiero hacerte otra pregunta. No para que la respondas ahora. Quiero que la lleves contigo durante todo este episodio. ¿Qué estás tolerando hoy solamente porque tienes miedo de lo que pasará si dejas de tolerarlo? A veces no es miedo a perder una pareja. Es miedo a decepcionar a un padre. es miedo decirle no a un amigo es miedo a cambiar de trabajo es miedo a empezar de nuevo es miedo a que otros no entiendan tus decisiones y el miedo tiene una forma muy inteligente de disfrazarse se disfraza de responsabilidad se disfraza de paciencia, se disfraza de compromiso, pero en el fondo sigue siendo miedo. Y quiero contarte una historia. Imagínate una casa con una pequeña gotera en el techo. Al principio solo cae una gota, después otra, Y otra, nadie se preocupa porque parece algo pequeño. Pero pasan los meses y esa gotera empieza a manchar el techo. Después la pintura se cae. Luego aparece la humedad. Y un día descubres que el problema nunca fue la gota. fue haber ignorado la gota durante demasiado tiempo. Con nuestra paz ocurre exactamente lo mismo. Las primeras señales siempre son pequeñas. Dejas de dormir bien, te cuesta concentrarte, pierdes la ilusión por cosas que antes disfrutabas. Empiezas a sentirte irritable sin entender por qué. Tu cuerpo se cansa más rápido. Y en lugar de preguntarte qué está pasando, intenta seguir funcionando como si nada. Hasta que un día el cuerpo dice, ya no puedo más. Y entonces buscamos soluciones rápidas, vacaciones, un fin de semana libre, comprar algo, salir más, distraernos. Pero si el origen del problema sigue allí, la paz no regresa. Solo se toma unas vacaciones. Y ahí hay una diferencia enorme. entre descansar y vivir en paz porque puedes descansar un domingo y volver a sentir ansiedad el lunes puedes irte de viaje una semana y regresar exactamente con el mismo vacío la paz no depende del lugar donde estás depende de la vida que estás construyendo Y creo que esa es una conversación que necesitamos tener más seguida. Porque nos enseñaron a preguntarnos, ¿qué quiero lograr? ¿Cuánto quiero ganar? ¿Qué quiero comprar? Pero pocas veces alguien nos preguntó, ¿cómo quieres sentirte mientras construyes esa vida? porque puedes conseguir muchas cosas y aún así sentirte agotado por dentro y yo no sé tú pero si para conseguir todo lo que sueño tengo que vivir sin tranquilidad quizás ese éxito no sea realmente un éxito porque al final del día de qué sirve llegar muy lejos si en el camino te perdiste a ti mismo Y aquí quiero detenerme un momento, porque quizás haya alguien escuchándome que está pensando, Joana, entiendo todo esto, pero ¿cómo sé si realmente perdí mi paz o simplemente estoy pasando por un momento difícil? Esa es una gran pregunta y precisamente de eso quiero hablar contigo ahora. Y ahí es donde empieza a cambiar todo. Perfecto. Ahora viene una parte muy importante. No quiero dar una lista de señales como hacen muchos podcast. Quiero que solo llegues a una sola conclusión. Déjame hacerte una pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que terminaste un día y pensaste, qué tranquilo me siento? No estoy hablando de felicidad. La felicidad va y viene. No estoy hablando de que todo salga perfecto. Estoy hablando de esa sensación de acostarte por la noche y sentir que aunque hubo problemas no tuviste que traicionarte para enfrentarlos. Porque esa sensación vale oro. Y sin embargo, muchas personas hace años que no la sienten. No porque sean malas personas, no porque la vida las haya castigado, sino porque sin darse cuenta, empezaron a vivir reaccionando a todo. Si alguien les escribe, responden inmediatamente. Si alguien se molesta, sienten culpa. Si alguien los critica, pasan horas pensando en eso. Si alguien no los invita, creen que hicieron algo mal. Es como si su paz dependiera de lo que hacen los demás. Y vivir así es agotador. Imagina que cada mañana te entregaran un vaso lleno de agua. Ese vaso representa tu energía emocional. Ahora imagina que antes del mediodía ya tuviste una discusión. Un poco de agua se derrama. Después revisas las redes sociales y empiezas a compararte. Se derrama un poco más. Revisas un mensaje que cambia tu estado de ánimo. Otra parte del agua desaparece. Llega la tarde y dices que sí a algo que realmente no querías hacer. Se vuelve a vaciar y cuando finalmente llegas a casa, ya no queda casi nada para ti. No tienes paciencia, no tienes ganas de conversar, no tienes fuerzas para disfrutar y piensas que el problema es el cansancio. Pero quizás el problema sea que llevas todo el día entregando pequeños pedazos de tu paz. Por eso hay personas que terminan completamente agotadas sin haber hecho un gran esfuerzo físico. Porque el desgaste no siempre ocurre en el cuerpo. Muchas veces ocurre en la mente. Y quiero confesarte algo. Durante mucho tiempo pensé que cuidar mi paz era evitar conflictos. Hoy creo exactamente lo contrario. A veces tu cuidar tu paz significa tener esa conversación incómoda que llevas meses evitando. A veces significa decir, no puedo. Hoy necesito descansar. No estoy de acuerdo. Eso me hizo daño. No quiero seguir viviendo de esa manera. Qué curioso, ¿verdad? Muchas veces pensamos que hablar romperá la paz. Cuando lo que realmente rompe la paz es callar durante demasiado tiempo. porque el silencio también pesa, y mucho. ¿Cuántas conversaciones has ensayado en tu cabeza que nunca ocurrieron? ¿Cuántas veces sonreíste para que nadie notara que estabas cansado? ¿Cuántas veces dijiste, no pasa nada? Cuando por dentro estabas pasando por todo, hay una frase que me gusta mucho, dice que el cuerpo grita lo que la boca calla. Y aunque cada persona vive experiencias diferentes, creo que esa frase nos invita a escuchar algo importante. Cuando ignoramos durante mucho tiempo lo que sentimos, tarde o temprano nuestro bienestar también puede verse afectado. Por eso hoy no quiero pedirte que cambies toda tu vida. Quiero proponerte algo mucho más pequeño. Cuando termine este episodio, busca 10 minutos, solo 10, sin el teléfono, sin música, sin televisión, sin hacer nada. Y hazte una pregunta que quizás hace años nadie te hace. ¿Cómo estoy realmente? No como debería estar, no como esperan que estés, como estás de verdad. Porque a veces vivimos tan ocupados resolviendo la vida de todos que dejamos de preguntarnos cómo está nuestra propia vida. Y quizás descubras algo que llevas mucho tiempo evitando. O quizás descubras que todavía estás a tiempo para recuperar esa paz que pensabas que habías perdido para siempre. porque esa es otra mentira que solemos creer, que cuando perdemos la paz ya no hay vuelta atrás, y yo no creo eso, creo que la paz no desaparece, creo que muchas veces queda escondida debajo del miedo, de la culpa, de las expectativas de los demás y de las heridas que todavía no hemos aprendido a mirar. Y cuando empiezas a quitar una a una esas capas, no te conviertes en otra persona. Vuelves a encontrarte con la persona que siempre estuvo ahí. con esa versión tuya que se reía sin pedir permiso, que decía lo que pensaba con respeto, que soñaba sin sentir culpa, que entendía que cuidar de sí mismo no era egoísmo, era responsabilidad. Y tal vez eso es lo que quiero que recuerdes hoy. No naciste para vivir en una guerra constante contigo mismo. No naciste para sentir que tu tranquilidad siempre depende de la aprobación de alguien más. Naciste para construir una vida donde el amor y la paz puedan caminar de la mano. Y sí, habrá días difíciles, habrá desacuerdos, habrá pérdidas, pero incluso en medio de todo eso, hay algo que nadie debería pedirte que entregues para demostrar cuánto amas. Tu paz. Y antes de despedirnos, quiero compartir contigo una reflexión que cambió mi manera de entender el amor. No es una frase bonita, es una idea que si la dejas entrar en tu corazón, puede transformar la forma en que tomas decisiones, de ahora en adelante hay una idea que me acompañó durante mucho tiempo y es esta las decisiones importantes de la vida casi nunca se pagan en el momento se pagan con el tiempo cuando decides ignorar lo que sientes no duele ese mismo día Pero meses después descubres que ya no disfrutas las cosas como antes, cuando aceptas una falta de respeto. Tal vez ese día no pasa nada, pero poco a poco empiezas a creer que eso es lo que mereces. Cuando dejas de poner límites, al principio parece que todo está muy tranquilo. Pero con el tiempo descubres que esa tranquilidad era solo silencio. Y el silencio nunca ha sido un sinónimo de paz. Por eso quiero que recuerdes algo. Hay personas que tienen una vida muy silenciosa y viven en guerra por dentro. Y también hay personas que han tenido conversaciones difíciles, que han tomado decisiones valientes, que incluso han llorado mucho. Pero hoy duermen tranquilas porque la paz no siempre llega cuando todo está en calma. La paz llega cuando dejas de vivir en contra de lo que sabes que es correcto para ti. Y quiero decir algo que quizás alguien necesitaba escuchar hoy. No tienes que justificar cada límite que pongas. No tienes que convencer al mundo de que tu decisión es correcta. No necesitas que todos entiendan por qué elegiste cuidar de ti. Porque habrá personas que solo estaban cómodas con la versión de ti que siempre decía que sí. Y cuando empiezas a cambiar, algunos lo llamarán egoísmo, otros dirán que ya no eres el mismo, que antes eras más flexible, más disponible, más fácil de convencer. Y quizás tengan razón, porque crecer también significa dejar de ser la persona que aceptaba todo por miedo a perder a alguien. Hay una frase que quiero regalarte hoy, no para que la publiques, no para que la compartas, sino para que la recuerdes cuando llegue ese momento en el que dudes de ti. Si para conservar una relación tengo que perderme a mí, entonces el precio es demasiado alto. Te la voy a repetir otra vez. Si para conservar una relación tengo que perderme a mí, entonces el precio es demasiado alto. Porque no habla solo de parejas, habla de amistades, de trabajos, de compromisos, incluso de la relación que tienes contigo mismo. La paz no significa vivir sin responsabilidades. La paz significa dejar de cargar responsabilidades que nunca fueron tuyas. Y creo que eso cambia completamente la manera en que vivimos. Antes de despedirme, quiero pedirte algo. No un favor para mí, un favor para ti. Esta semana, antes de tomar una decisión importante, Haz una pausa, respira y pregúntate, ¿estoy haciendo esto por amor o por miedo? Porque muchas veces creemos que estamos actuando por amor y en realidad estamos actuando por miedo al rechazo, por miedo al abandono, por miedo a quedarnos solos. y el miedo siempre termina cobrando intereses. El amor, en cambio, cuando es sano, trae libertad, trae respeto, trae calma, trae paz. Y si este episodio llegó a ti en el momento justo, me encantaría leerte. Quiero que me cuentes en los comentarios qué significa la paz para ti. ¿Y si alguna vez sentiste que la estabas negociando? ¿Qué aprendiste de esta experiencia? Tal vez tu historia sea justo lo que otra persona necesita leer hoy. Y si prefieres escuchar este tipo de conversaciones mientras conduces, cocinas, haces ejercicio o simplemente te regalas un momento para ti, recuerda que Amorti Podcast también está disponible en Spotify y en las principales plataformas de podcast. Si además me dejas una reseña en Apple Podcasts. Ayuda a que esta conversación llegue a más personas. 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